Según antecedentes encontrados en documentos antiguos, el esqueleto de los corales semipreciosos fue utilizado por el hombre desde la época paleolítica, y más recientemente se han encontrado objetos cuya edad ha sido establecida entre los 25,000 y los 6,000 años de antigüedad antes de nuestra era (ANE).
El uso del coral negro, uno de los corales semipreciosos, parece ser mucho más reciente. Era conocido en tiempos de griegos y romanos, procedente probablemente del Mar Rojo, y de los primeros heredó el nombre científico actual, Antipathes, cuya traducción es “contra las enfermedades”, porque se le atribuían excelentes cualidades medicinales y afrodisíacas. Otros pueblos, lo usaban como amuleto para evitar el “mal de ojo” por creer que tenía propiedades mágicas.
Innumerables leyendas se han tejido a través de los siglos en torno al uso de este coral. Cuenta una de ellas que Menelao, el célebre guerrero griego, que participó junto a Ulises en la batalla de Troya poseía un bello coral negro tallado, el cual usaba como amuleto para evitar tragedias y salir victorioso en los combates.
El famoso sabio romano Plinio, definió en su época el coral negro con el nombre Antipathidae, empleándolo como antídoto para picaduras de escorpión y otros propósitos medicinales. La historia alude también a la fabricación de una poderosa sustancia llamada chartioblepharm, a la cual le otorgaron propiedades afrodisíacas.
Otras referencias citan el caso de antiguas tribus primitivas que tallaban el coral y lo usaban como adorno concediéndole cualidades protectoras de los malos espíritus.
El coral negro es un animal colonial que se confunde muy frecuentemente, por su aspecto, con un arbusto del reino vegetal; habita casi siempre áreas situadas alrededor del borde externo de la plataforma submarina que rodea las islas y continentes, en forma de llanura poco accidentada y de escasa profundidad, que va desde la orilla hasta los 50 m. de hondura en muchos lugares, y a partir de ese límite se inicia la caída pronunciada que constituye el talud, a veces formando una pendiente casi vertical que alcanza muchos metros de profundidad, cuyo fin es la llanura abisal a más de 600 m. de hondura.
Como la mayoría de las especies de coral negro se caracteriza por un crecimiento lento (6 cm. lineales por año en experimentos cubanos) y bajo índice de mortalidad natural lo que obliga a establecer un control sobre el aprovechamiento de la población a fin de mantenerlo dentro de límites racionales que impidan la sobrepesca y protejan la población. A ese fin, la especie está sujeta a una veda permanente, con una cuota anual de pesca, que es estrechamente controlada por las autoridades pesqueras cubanas.